Mi voluntariado en prisión

voluntariadoDentro de unos meses hará un año que escuché hablar sobre la labor de Acope y, en concreto, de su actividad voluntaria en el módulo de mujeres de la prisión de Cáceres. Al poco tiempo, me puse en contacto con Cristina para mostrarle mi interés en ser parte de este proyecto. Así es como, el primer domingo de octubre de 2017, tomé por primera vez contacto con las mujeres reclusas en la cárcel cacereña. No sé si serán mis ganas de aportar, compartir y conocer -pues hacía tiempo que llevaba intentando hacer un voluntariado con este colectivo-, pero desde mi primera experiencia en los talleres mi satisfacción va in crescendo.

 

Llevo ya algunos años siendo parte de distintos programas de voluntariado, incluido el voluntariado internacional que me llevó a residir durante un año en Santiago de Chile y vivir una experiencia de transformación personal casi total en el Servicio Jesuita a Migrantes. Y ha sido precisamente por esa apertura de miras que no puedo permanecer impasible hacia esas realidades escondidas, desconocidas, ignoradas. El colectivo de las personas reclusas es parte de ese “mundo” de realidades que parecen no existir.

 

Cuando comento en mis círculos que estoy realizando un voluntariado con las mujeres que se encuentran recluidas en la prisión de Cáceres, una de las primeras preguntas curiosas que surgen es la de “por qué se encuentran ahí”, que si sé algo de eso. Yo respondo que no pregunto. Eso me lleva a pensar que, sin darnos cuenta, constantemente buscamos encontrar barreras, culpabilizar…¿y por qué no buscar lo que tenemos en común?¿por qué no trabajar para entendernos, por la igualdad de oportunidades, por la dignidad de las personas?

 

La verdad es que no conozco en profundidad los programas que otras asociaciones u oenegés desarrollan en el ámbito del día a día de las prisiones en España. Pero mi corta, aunque intensa, experiencia como parte del grupo de voluntarias que cada domingo acudimos a la cárcel de Cáceres (en turnos rotatorios) me ha ayudado a no perder el foco y a estar conectada con las personas. En esos espacios buscamos que las mujeres salgan de su reclusión física, que trabajen sus emociones, que rompan con el mito de “ser presas”, que crean en sí mismas. Los resultados son variables, pues la situación en la que se encuentran hace que en muchas ocasiones, debido a las condiciones mismas de encontrarse recluidas y aisladas, las mujeres pueden estar más o menos desanimadas; o más o menos receptivas. Yo, a la fecha, pienso continuar participando activamente en esta tarea de sacarlas de su “prisión física” por lo que preveo que esta experiencia satisfactoria de voluntariado con Acope va a alargarse por un buen tiempo.

 

Judith. Voluntaria de ACOPE en la prisión de Cáceres

 

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