¿Cómo empezó todo?

Recordar los inicios de Acope siempre viene acompañado de una gran nostalgia para los que llevamos 32 años compartiendo las vidas de tantas mujeres como han pasado por nuestra asociación.
Llegamos a la cárcel de Yeserías personas de distintas procedencias y sensibilidades, unas atendían a los niños sacándoles los domingos de allí, otras visitaban a las extranjeras.  Otras a las españolas y jóvenes, otras atendían un departamento psiquiátrico que en aquel entonces existía en la cárcel. Entre nuestro grupo había también abogados, que daban respuesta a las demandas jurídicas de las mujeres.
Las peticiones eran continuas; ropa, dinero sellos, tabaco, etc.
Al carecer de medios económicos pensamos que podíamos iniciar nuestro proyecto de atender a las mujeres creando una especie de federación con el nombre en un principio de Copey, que poco después cambiaríamos por las siglas de Acope: ASOCIACIÓN DE COLABORADORES CON LAS PRESAS.

Nos juntamos en un colegio un sábado, compramos un libro de Actas dando la dirección de una voluntaria e iniciamos nuestra andadura.

La experiencia de cada una de nosotras al encontrarnos con las mujeres privadas de libertad  fue el camino y la escuela para iniciar el trabajo desde el reconocimiento, el respeto y la acción. Acope reconoce a las mujeres presas desde ese conocimiento en el que ellas, de alguna manera, interpelan y piden un trato justo. Desde ahí nace el respeto incondicional, siendo en nuestro trato “iguales y diferentes”. Estos valores se concretan en una acción dotada de sentido y no de un mero activismo.

¿Qué fuimos aprendiendo?

Que teníamos que acercar el mundo de las mujeres en prisión, ya que es un mundo muy desconocido para la mayoría de las personas, y hacerlas más visibles a la sociedad.

Que la cárcel no sirve, que no rehabilita (algun@s ya lo sabían).

Fuimos cambiando nuestra mirada y entendimos que el atender las múltiples demandas de las mujeres lo único que hacía era crear dependencia.

Que teníamos que trabajar en equipo, que había que tener mucho cuidado con lo que decíamos y hacíamos. Que «soy voluntaria» pero no voy de visita, sino a trabajar desde el compromiso y el rigor.

Que  nuestra mirada  debía de ir acompañada de unos ojos críticos (que hoy aún perdura) en todo momento, pues también estábamos allí para defender la dignidad de la mujer y sus hijos.

Bien, pues así empezamos, y esto nos llevó a sufrir algunos obstáculos en el camino…

A pesar de las dificultades, más tarde llegarían Carabanchel, Brieva (Ávila), Alcalá-Meco, y, en los últimos años, Cáceres, Albacete y Estremera.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *