La prisión es un espacio de soledad y aislamiento. La convivencia obligada no lleva a establecer relaciones de solidaridad y de amistad. Por el contrario, casi todas las relaciones en prisión se establecen en términos de dominio o de sumisión y de desconfianza, siguiendo el viejo lema de “sálvese quien pueda”.


ACOPE considera prioritario crear espacios donde se fomenten relaciones en términos de igualdad y respeto, donde cualquier tarea se realice en equipo con la colaboración y responsabilidad de todas.


La presencia de las personas que no pertenecen al ámbito penitenciario es beneficiosa para las mujeres. Introduce formas y maneras de plantearse la vida diferente. Así se rompe la percepción de inmutabilidad que tienen las mujeres sobre su propia vida y su futuro.


Creemos que esta actuación, con continuidad y con rigor, rompe lo cotidiano carcelario, introduce una disonancia con “lo de todos los días”, aporta novedad, estímulo, motivación.